Diseño pasivo, primero: cómo reducir la demanda hasta en un 65% antes de instalar nada
La descarbonización de un edificio comienza necesitando menos energía. Las llamadas medidas pasivas (orientación, compacidad del volumen, composición y aislamiento de la envolvente, protección solar o ventilación e iluminación naturales) aprovechan las condiciones climáticas del entorno sin consumir energía directamente. Si se aplican correctamente, pueden reducir la demanda energética de un edificio hasta en un 65%, aumentando las horas al año en las que opera con un consumo casi nulo.
Por eso estas medidas son prioritarias sobre las activas. Un edificio mal orientado o mal aislado siempre te obligará a sobredimensionar el aire acondicionado para compensar su mal comportamiento; Por otro lado, un edificio bien diseñado desde cero necesita equipos más pequeños, que son más baratos de instalar y mantener, y emiten menos gases a lo largo de su vida útil. La decisión clave se toma en el proyecto, no en el lugar.
Las mediciones pasivas no eliminan completamente la necesidad de sistemas activos, pero reducen considerablemente su carga. La combinación óptima, primero reducir la demanda con el diseño y luego cubrirla con equipos eficientes y fuentes renovables, es el camino más directo y rentable hacia un edificio de bajas emisiones. También es donde una buena ingeniería marca la diferencia respecto a un proyecto convencional.
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